En Mateo 22:1-14 nos encontramos una enseñanza de Jesús sobre un Rey que planeó la boda de su hijo, invitó a varias personas y estos le rechazaron... El Rey se enoja con quienes invitó que no quisieron venir y envía a sus sirvientes a traer a todos aquellos que se encuentren por las calles para que se unan a tal celebración, en lugar de los invitados originales. Posterior a eso, ya en la fiesta, el Rey estaba conociendo a sus invitados y se encontró con uno que realmente le desagradó. La razón de su enojo era que no estaba vestido para la fiesta, y el Rey lo mandó a sacar fuera de la boda.
Quiero abordar varios puntos importantes sobre este tema:
1. Me parece muy bueno de parte del Rey que decida abrir las puertas de su palacio a la gente del pueblo. La fiesta estaba servida y está para todos.
2. El Rey decide venir y conocer a cada invitado. La relación con el Rey es un honor y él estaba decidido a acercase.
3. Ningún invitado de los nuevos tiene recursos como para vestirse para la boda en el palacio del Rey, sin embargo puedo imaginar su esfuerzo ante tal invitación.
4. El Rey se enoja con quien no andaba vestido para la boda, porque era evidente que nadie tenía los recursos para estar a la altura del Rey pero todos habían realizado su mejor esfuerzo.
La vida de todos aquellos que decimos amar a Jesús es la gran invitación a una boda de la que no somos dignos, sin embargo el más grande del universo decidió hacernos partícipes. La perfección de Dios es inigualable, por lo que NUNCA vamos a ser dignos de su presencia, sin embargo en Jesucristo obtenemos LA OPORTUNIDAD de restablecer nuestra relación con él, a pesar de nuestra imperfección.
¿Qué espera Dios de nosotros entonces? Que procuremos vestirnos de boda.
La perfección para estar delante del rey es inalcanzable, sin embargo el valora el esfuerzo de vivir nuestras vidas en santidad, luchando con nuestras tentaciones e imperfecciones cada día.
NO SE VALE decir que amo a Dios, y al mismo tiempo no esforzarme por vivir como él quiere que viva, si digo que amo a Jesús debo de luchar contra mi impulso humano para presentarme ante él lo mas digno posible.
Me preocupa llegar a la boda por una invitación del gran Rey y que me encuentre mal vestido porque me he excusado en mi naturaleza en lugar de prepararme para nuestro encuentro.
Quiero abordar varios puntos importantes sobre este tema:
1. Me parece muy bueno de parte del Rey que decida abrir las puertas de su palacio a la gente del pueblo. La fiesta estaba servida y está para todos.
2. El Rey decide venir y conocer a cada invitado. La relación con el Rey es un honor y él estaba decidido a acercase.
3. Ningún invitado de los nuevos tiene recursos como para vestirse para la boda en el palacio del Rey, sin embargo puedo imaginar su esfuerzo ante tal invitación.
4. El Rey se enoja con quien no andaba vestido para la boda, porque era evidente que nadie tenía los recursos para estar a la altura del Rey pero todos habían realizado su mejor esfuerzo.
La vida de todos aquellos que decimos amar a Jesús es la gran invitación a una boda de la que no somos dignos, sin embargo el más grande del universo decidió hacernos partícipes. La perfección de Dios es inigualable, por lo que NUNCA vamos a ser dignos de su presencia, sin embargo en Jesucristo obtenemos LA OPORTUNIDAD de restablecer nuestra relación con él, a pesar de nuestra imperfección.
¿Qué espera Dios de nosotros entonces? Que procuremos vestirnos de boda.
La perfección para estar delante del rey es inalcanzable, sin embargo el valora el esfuerzo de vivir nuestras vidas en santidad, luchando con nuestras tentaciones e imperfecciones cada día.
NO SE VALE decir que amo a Dios, y al mismo tiempo no esforzarme por vivir como él quiere que viva, si digo que amo a Jesús debo de luchar contra mi impulso humano para presentarme ante él lo mas digno posible.
Me preocupa llegar a la boda por una invitación del gran Rey y que me encuentre mal vestido porque me he excusado en mi naturaleza en lugar de prepararme para nuestro encuentro.
