Recuerdo que cuando tenía unos 19 años, y después de varios años de servicio en la iglesia oré a Dios con una petición que nunca me contestó.
Levanté la mirada al cielo y le dije:
- Señor, quiero ser una persona común y corriente, una persona que te ame pero que se pueda dedicar a su trabajo solamente... en otras palabras, no quiero servirte dedicadamente.-
Después de eso intenté ser esa persona por al menos un año, hasta que él mismo me trajo por un fuego dentro de mi corazón que puedo ver descrito por el profeta Jeremías de manera perfecta:
¡Me sedujiste, Jehová,
y me dejé seducir!
¡Más fuerte fuiste que yo, y me venciste!
¡Cada día he sido escarnecido,
cada cual se burla de mí!
8 Cuantas veces hablo, doy voces, grito:
«¡Violencia y destrucción!»,
porque la palabra de Jehová
me ha sido para afrenta y escarnio cada día.
9 Por eso dije: «¡No me acordaré más de él
ni hablaré más en su nombre!»
No obstante, había en mi corazón
como un fuego ardiente metido en mis huesos.
Traté de resistirlo, pero no pude.
Jeremías 20:7-9
y a partir de allí no puedo concebir mi vida sin el servicio al Señor. Han habido momentos en los cuales he tenido ganas de dejarlo todo botado, pero indescriptiblemente una llama se enciende en mi corazón y me impulsa una y otra vez.
El fin de semana estuve compartiendo con líderes y pastores en nuestra cubre nacional de Especialidades Juveniles un taller que me sirvió demasiado hacerlo, porque cada palabra estaba dirigida hacia mí (casi que podría decir contra mí) y ver las fotografías y escuchar su comentarios que dicen: "acá con el Pastor", "pastor, fue de mucha bendición", etc, me recuerda que Dios me tiene donde estoy con un propósito claro...
Cuán alegre me pone saber que Dios dijo ¡NO! a mi oración.
Un abrazo en Cristo
Levanté la mirada al cielo y le dije:
- Señor, quiero ser una persona común y corriente, una persona que te ame pero que se pueda dedicar a su trabajo solamente... en otras palabras, no quiero servirte dedicadamente.-
Después de eso intenté ser esa persona por al menos un año, hasta que él mismo me trajo por un fuego dentro de mi corazón que puedo ver descrito por el profeta Jeremías de manera perfecta:
y me dejé seducir!
¡Más fuerte fuiste que yo, y me venciste!
¡Cada día he sido escarnecido,
cada cual se burla de mí!
8 Cuantas veces hablo, doy voces, grito:
«¡Violencia y destrucción!»,
porque la palabra de Jehová
me ha sido para afrenta y escarnio cada día.
9 Por eso dije: «¡No me acordaré más de él
ni hablaré más en su nombre!»
No obstante, había en mi corazón
como un fuego ardiente metido en mis huesos.
Traté de resistirlo, pero no pude.
Jeremías 20:7-9
y a partir de allí no puedo concebir mi vida sin el servicio al Señor. Han habido momentos en los cuales he tenido ganas de dejarlo todo botado, pero indescriptiblemente una llama se enciende en mi corazón y me impulsa una y otra vez.
El fin de semana estuve compartiendo con líderes y pastores en nuestra cubre nacional de Especialidades Juveniles un taller que me sirvió demasiado hacerlo, porque cada palabra estaba dirigida hacia mí (casi que podría decir contra mí) y ver las fotografías y escuchar su comentarios que dicen: "acá con el Pastor", "pastor, fue de mucha bendición", etc, me recuerda que Dios me tiene donde estoy con un propósito claro...
Cuán alegre me pone saber que Dios dijo ¡NO! a mi oración.
Un abrazo en Cristo

No hay comentarios:
Publicar un comentario